Puede que lo más complejo de la vida sea descubrir que ésta se mide en momentos y no en tiempo. En retos conseguidos, sueños cumplidos, lecciones aprendidas... aunque también se mide en caídas y desilusiones, en corazones rotos, en copas de más sentados solos en una habitación de hotel o en una barra de un bar, en fotografías rotas... se mide en lágrimas y en sonrisas. Y sobretodo, se mide en personas, todas aquellas que pasan por tu vida y dejan huella, ya sea por bien o por mal.
Por eso resultará complejo entenderlo, y estoy segura de que nadie va a comprenderme. Pero a veces el bien domina sobre el mal y las sonrisas secan las lágrimas de todos los malos momentos. Dejando sólo buenos recuerdos. Y son esos los que echamos de menos, y mucho, casi como si nunca hubiese pasado nada tan horrible como para terminar destruyendo todo lo que creíamos real.

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